Las máquinas comienzan a mirar el mundo con ojos humanos

Uno de los grandes retos de la inteligencia artificial es el de desenvolverse en un entorno natural, más allá de instrucciones precisas y situaciones controladas. Por ejemplo, los desarrolladores del fascinante AlphaGo, el programa capaz de arrasar a los campeones del milenario juego Go, reconocían que si de pronto sumaran un cuadrante más al tablero estarían perdidos. Del mismo modo, un brazo robótico necesita condiciones muy concretas para poder desarrollar su tarea. No son capaces de observar el entorno, abrir el foco, deducir que se ha producido un cambio sustancial y adaptarse a él.

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